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Poesía adolescente

Hace pocos días, buscando poemas para elaborar la antología de poesía que utilizaré con mi alumnado de 2º de ESO, me encontré con un tal Marwan y rápidamente incorporé un par de poemas: es sencillo, claro, sentimental. Me cuesta mucho elaborar esa antología, porque busco poemas que reúnan dos características fundamentales: que no sean intragablemente malos y que puedan resultar atractivos a chicas y chicos de 13 años (también voy colando alguno que, aunque no entre estrictamente en esos parámetros me permita trabajar aspectos de retórica). Está Miguel Hernández, Girondo o Neruda, pero también Marwan. A quienes es muy difícil que incluya en esta antología es a poetas que aparecen en antologías o poemarios expresamente hechos para adolescentes y publicados en editoriales tradicionales y, generalmente, educativas, porque, con alguna honrosa excepción, son basura (y aún menos mal, los poemarios para niños suelen responder a la concepción de que un niño es un ser imbécil al que solo le gustan los textos descriptivos y que rimen).

El caso es que ahora me encuentro con este artículo de Daniel Bellón, ¿retrato de la poesía adolescente? que él escribe tras leer el reportaje de Juan Bonilla De repente unos poetas. Léanlos, por favor, porque merecen la pena.

El caso es que de ambos textos se desprende (Bellón se moja más, o más claramente, que Bonilla) que el fenómeno que describen (una serie de poetas jóvenes que escriben una poesía de y para adolescentes, sin prejuicios de tradición, apartados de parámetros clásicos, sin riesgo, sin calidad en el uso del lenguaje, pero que atrae y engancha a miles de muchachas, sobre todo, y muchachos) es superfluo, vano, azucarillo en el agua, sustancia adictiva pero nada más. Y yo estoy de acuerdo, pero añado: bienvenido. Y argumento:

  • Estos adolescentes jamás leerán otro tipo de poesía sin ser obligados.
  • Es poesía; quiero decir que, por leve que sea hay un uso estético del lenguaje que se aleja mucho del uso cotidiano que le dan a la lengua. Y eso, el acercamiento al uso estético, es la experiencia que queremos que tengan a su edad.
  • Es su poesía: la escogen ellos, llegan a ella a través de los círculos de amigos o redes sociales, no es impuesta por docentes o adultos que les dicen lo que es bueno y lo que no.
  • Aceptamos que haya todo un mundo editorial dedicado a las novelas adolescentes, pero la poesía está totalmente fuera del circuito comercial. Los profesores tendemos a fomentar en ellos la lectura de novela juveniles, pero trabajamos con poemas para adultos. Ahora este fenómeno vende miles de libros y tiene una presencia apabullante en la red.
  • Como apuntan Bellón y Bonilla, se trata de un fenómeno muy parecido al pop, y como tal, al menos, debemos aceptarlo: nos encantaría que nuestros hijos escuchasen a Mozart, pero les regalamos (o nos resignamos a que escuchen) el último disco de Alejandro Sanz, dando gracias al santísimo porque sea eso y no Pitbull o reggaeton.

Así que sí, bienvenida esta droga y que enferme al mayor número posible de adolescentes. Si consiguen salir y apreciar más tarde a Octavio Paz o a Aleixandre, maravilla; si no, no habrán perdido nada.

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